La acción constructiva del ciudadano común no debe pasar inadvertida

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Palabras del Lic. Ignacio Ovalle Fernández, presidente de la Fundación México con Valores, durante el decimoquinto aniversario de la Asamblea Constitutiva de Movimiento Ciudadano en el Polyforum Cultural Siqueiros de la Ciudadde México, el 5 de diciembre de 2013

 Hace 15 años se formó nuestra fuerza política, hoy llamada Movimiento Ciudadano, y hace un año exacto se creó uno de sus brazos ejecutores: la Fundación México con Valores.

Esta fundación está orientada a mostrar uno de los rostros más limpios y prometedores de esta organización de la que somos orgullosos militantes: el interés de Movimiento Ciudadano por los valores humanos.

Siempre que México ha dado saltos de progreso no ha sido para enquistarse en la inercia sino para adoptar conductas inspiradas en valores humanos.

En el período de la Independencia la idea de libertad inflamó el corazón de los patriotas. El valor de la ley civil fue la divisa suprema de la Reforma. Y la justicia social fue la fuerza motriz de la Revolución Mexicana. Por la entrega a esos valores rendimos siempre homenaje a los héroes de aquellos capítulos de la historia nacional. Bien dicho.

Sin embargo, atrás de estos patricios, apoyándoles, estuvieron miles de mexicanos anónimos del pueblo llano que merecen el mismo homenaje, o acaso más, porque no disputaron poder personal o renombre. Sólo les movió la convicción de que había un destino más alto y más justo y que esa meta se labraba con la acción personal de cada día.

Así fue eso entonces y así es ahora.

Por lo que hace al ahora, Movimiento Ciudadano no quiere que la acción constructiva del ciudadano común pase inadvertida, porque en el quehacer discreto de cada persona que sale a ganarse honorablemente el sustento de cada día, descansa el verdadero antídoto para la catástrofe moral que hiere a México con los dardos de la corrupción y la delincuencia organizada.

Por ello, en diversos puntos del país la Fundación México con Valores ha empezado a entregar diariamente reconocimientos a miles de ciudadanos, a esos héroes anónimos que, igual que los de antaño, son el verdadero sustento de los progresos de la nación.

A los representantes de la Fundación, todas y todos voluntarios, los mueve un vivo entusiasmo, un sentido de misión muy alto, centrado en la bella y fecunda tarea de recordar a miles de mexicanas y mexicanos lo importantes que son sus actos para la sociedad y para sí mismos, pues apuntan a lo alto, al mejoramiento individual y colectivo.

Realizamos esta tarea con esa fe profunda de que están hechas las alas de las grandes acciones. Lo hacemos inspirados en el eje de la filosofía de esta nuestra casa política que es reconocer y exaltar la esencia de todo sano poder político, el valor de la fuerza ciudadana, el poder ciudadano.

Reconocemos a toda persona que al desempeñar sus tareas con entrega y convicción imparte, sin proponérselo, elevadas lecciones de civismo. Con ello sabemos que le hacemos bien a México porque arraigamos en el alma de las personas a las que rendimos homenaje el sentido de valía personal que toda la gente de quehacer constructivo merece en el mundo.

El resorte que mueve nuestra voluntad es la convicción de que todos los seres humanos –a pesar de nuestros errores, de nuestras caídas, iniquidades y extravíos- tenemos al menos un rescoldo de vergüenza, nos sabemos portadores de una luz y quisieras, aun inconscientemente, que los demás pudieran percibirla; esa luz es lo que llamamos dignidad humana .

En la Fundación México con Valores trabajamos para avivar esa llama diariamente en miles de corazones y encenderla en muchas más conciencias por la vía del ejemplo. Sabemos que en el más magro de los casos le estamos recordando a nuestro amado México que aquí hay un grupo de ciudadanos dedicado a detectar los destellos positivos que alimentan el esplendor de la nación; un grupo con conciencia política que no se rinde ante los presagios pesimistas de las almas marchistas sino que, para bien del país, ha decidido exaltar con pasión y alegría la esencia más exquisita de la naturaleza humana: el amor al trabajo y a nuestros semejantes.

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